Municipio San Manuel Colohete, en el Departamento de Lempira
En lo profundo de las montañas del occidente hondureño, donde el olor a pino mezclado con leña encendida define el aire de la mañana, se encuentra San Manuel Colohete. Este municipio del departamento de Lempira parece suspendido en el tiempo.
Sus calles empedradas, flanqueadas por casas de adobe con tejas de barro rojo, ofrecen una pausa inmediata al ritmo agitado de las ciudades modernas. Quien llega hasta aquí busca reencontrarse con la historia viva de la cultura lenca y admirar uno de los patrimonios barrocos más deslumbrantes de toda Centroamérica.
El ambiente en el pueblo es sereno y acogedor. Caminar por su casco urbano implica cruzarse con agricultores que saludan con sombrero en mano y mujeres que transportan en alfarería tradicional o redes los frutos de sus cosechas. La neblina suele bajar temprano desde los cerros circundantes, envolviendo las fachadas blancas en un manto fresco que invita a tomar una taza de café recién elaborado en las cocinas locales.
Más allá de sus paisajes de montaña, la identidad de este rincón radica en la calidez de su gente y en el orgullo con el que cuidan sus tradiciones ancestrales. Desde los dialectos y costumbres heredadas de sus antepasados hasta las festividades religiosas que paralizan al municipio en un despliegue de fe y color, visitar este rincón lenca se convierte en una experiencia sensorial y cultural profunda.
Indice de Contenido
Historia y Datos Históricos
El territorio donde hoy se asienta el municipio estuvo habitado originalmente por la etnia lenca mucho antes de la llegada de los colonizadores españoles. Se cree que el término "Colohete" proviene de vocablos autóctonos que aluden a la geografía quebrada o a la presencia de arbustos característicos de la zona. Durante los primeros años de la dominación española, el asentamiento funcionó como un poblado indígena dedicado al trabajo agrícola bajo el sistema de encomiendas.

Un hito fundamental en la historia local ocurrió en el siglo XVIII con la edificación de la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, templo levantado gracias a la mano de obra de los artesanos lencas de la zona. Estos trabajadores plasmaron su propia cosmovisión dentro del barroco español, creando un estilo mestizo único visible en cada relieve de la fachada.
Con el paso del tiempo y las reorganizaciones administrativas de la república, el pueblo pasó a formar parte del departamento de Gracias (hoy Lempira). En 1901 se le otorgó formalmente la categoría de municipio, consolidando su estructura política y delimitando sus caseríos circunvecinos.
A lo largo del siglo XX, la comunidad mantuvo una dinámica relativamente aislada del resto del país debido a la falta de vías asfaltadas, lo que paradójicamente ayudó a conservar casi intacta su arquitectura colonial y sus dinámicas sociales tradicionales. Hoy en día, historiadores y restauradores internacionales consideran a este poblado un punto crucial para entender el arte religioso colonial del istmo centroamericano.
Ubicación y Coordenadas
Geográficamente, el municipio se sitúa en la zona suroeste de Honduras, dentro del departamento de Lempira, asentado a una altitud promedio de 1,350 metros sobre el nivel del mar. Se encuentra en las coordenadas 14° 26′ de latitud norte y 88° 40′ de longitud oeste. Limita al norte con el municipio de Gracias; al sur con los municipios de La Campa y San Sebastián; al este con el municipio de La Campa; y al oeste con los municipios de San Sebastián y Belén Gualcho (Ocotepeque).
Para acceder desde Gracias, la cabecera departamental ubicada a unos 35 kilómetros, es necesario tomar la carretera pavimentada que conduce hacia La Campa y luego continuar por un tramo de terracería transitable en vehículo de doble tracción o autobús local. La travesía dura aproximadamente una hora y media, serpenteando entre boscosas montañas que regalan panorámicas impresionantes del valle.
Actividad Económica e Infraestructura
El pilar fundamental de la supervivencia económica en la zona es el cultivo de café de gran altura. Gracias a la altitud y a los suelos fértiles, familias enteras se dedican durante la época de corta —entre noviembre y marzo— a la recolección del grano, el cual se procesa artesanalmente en fincas familiares y cooperativas locales para exportación.
Junto a la caficultura, la agricultura de subsistencia ocupa a la mayor parte de los pobladores. El maíz, los frijoles negros y rojos, las papas y hortalizas variadas se siembran en las laderas de los cerros para el consumo familiar y el comercio en los mercados semanales de Gracias. Asimismo, la alfarería Lenca y el tallado en madera representan una fuente secundaria pero valiosa de ingresos para los artesanos del lugar.
En cuanto a infraestructura, el municipio conserva un trazado urbano sencillo con calles empedradas y de tierra alrededor de su plaza central. Cuenta con servicios básicos de electricidad, red de agua potable rural y conectividad de telefonía móvil básica, aunque la infraestructura turística es aún rústica. Funcionan comedores comunitarios, Pequeñas posadas familiares y transporte público mediante autobuses rurales que conectan diariamente con las ciudades principales del departamento.
Clima
La zona disfruta de un clima tropical de montaña o templado húmedo, muy influenciado por la vegetación circundante y la elevación del terreno. A lo largo del año, las temperaturas se mantienen frescas, oscilando habitualmente entre los 14 °C en los meses más fríos y los 26 °C en las tardes más calurosas del verano.
La estación seca abarca desde noviembre hasta abril, ofreciendo días despejados, cielos azul intenso y noches frías donde los vientos del norte hacen descender el termómetro significativamente. Por su parte, la época lluviosa se extiende de mayo a octubre, registrando chubascos por la tarde que alimentan los riachuelos y mantienen las colinas verdeantes. Para el visitante, los meses de diciembre y enero son ideales para recorrer el poblado por el ambiente fresco y festivo.
Gastronomía
La mesa tradicional en este rincón de Lempira se alimenta directamente de la cosecha local de granos, hierbas silvestres y animales de patio. El maíz es la base indiscutible de casi todas las preparaciones culinarias.
- Ticucos: Tamales elaborados con masa de maíz condimentada con manteca, rellenos de frijoles enteros, chipilín o verdolaga, envueltos en hojas de huerta o de tusa secas.
- Sopa de gallina india: Caldo reconfortante preparado a fuego de leña con verduras criollas como yuca, pataste y ayote, servido tradicionalmente durante celebraciones y festejos familiares.
- Atol de elote y atol shuco: Bebidas calientes a base de maíz tierno o fermentado; el shuco se sirve típicamente acompañado de frijoles negros colados y una pizca de chile.
- Chicha de maíz: Bebida fermentada artesanal con dulce de panela que se consume con moderación durante las ferias patronales y eventos comunitarios.
- Pacayas capeadas: Flores tiernas de la palma de pacaya pasadas por huevo batido y fritas, servidas con salsa de tomate casera.
Relieve, Geografía y Orografía
El terreno sobre el que descansa el municipio es predominantemente accidentado y montañoso, formando parte del sistema orográfico del occidente hondureño ligado a la Sierra de Celaque. Muestra pendientes pronunciadas, cañadas profundas y pequeños valles intermontanos donde se ubican las aldeas y caseríos.
Las elevaciones montañosas que rodean el casco urbano ofrecen barreras naturales que protegen la zona de vientos extremos y crean microclimas propicios para la conservación de la flora nativa. El suelo es rico en materia orgánica en las partes altas debido a la descomposición de la vegetación forestal, aunque en ciertas zonas inclinadas existe riesgo de erosión si no se maneja adecuadamente la siembra.
Hidrografía
La red hídrica del municipio la componen numerosas quebradas y ríos de montaña que nacen en las partes altas de la cordillera. Estos flujos de agua no solo abastecen las necesidades de consumo humano mediante sistemas de agua potable por gravedad, sino que también alimentan las fincas cafeteras e irrigaciones agrícolas.
Entre las corrientes más destacadas figuran pequeñas cuencas que desembocan eventualmente en la vertiente del Río Ulúa, el gran cauce del norte del país. Durante la época de lluvias, las quebradas aumentan considerablemente su caudal, alimentando pequeñas cascadas y pozas naturales entre las rocas que forman parte del entorno natural local.
Flora y Fauna
Los bosques de pino-encino predominan en la mayor parte de las laderas del municipio, acompañados por robles, liquidámbares y arboles de liquidámbar que cambian la tonalidad del paisaje según la época del año. En las zonas más elevadas y protegidas, donde la humedad es constante, se desarrollan parches de bosque nublado con abundancia de helechos arborescentes, orquídeas silvestres, musgos y bromelias que cubren las ramas de los grandes árboles.
En estos ecosistemas habita una fauna diversa adaptada a la vida de montaña. Es común divisar aves como el carpintero de bellota, el jilguero, tucanillos verdes y diversas especies de colibríes. En cuanto a mamíferos, aunque más difíciles de avistar cerca de los poblados, habitan en las zonas altas venados cola blanca, guatuzas, tacuazines, mapaches y zorros grises.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Cuál es la mejor época del año para visitar San Manuel Colohete?
La mejor temporada comprende entre noviembre y febrero, cuando las lluvias han cesado, el clima se torna fresco y agradable, y coincide con la temporada de recolección de café y las festividades patronales de la Inmaculada Concepción a principios de diciembre.
¿Cómo es el acceso vial y qué tipo de vehículo se necesita para llegar?
Aunque parte del camino desde Gracias está pavimentado hasta municipios vecinos, el acceso directo a San Manuel Colohete incluye tramos de terracería por montaña, por lo que es totalmente recomendable viajar en un vehículo 4x4 o de doble tracción, especialmente durante la época de lluvias.
¿Qué hace tan famosa a la iglesia colonial del municipio?
La Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción es considerada una joya arquitectónica del barroco mestizo centroamericano debido a su elaborado retablo mayor de madera tallada y dorada, y a su fachada decorada con minuciosos relieves en estuco realizados por artesanos indígenas lencas en el siglo XVIII.
